miércoles, 4 de febrero de 2009

Llegada la noche no podía dormir, dándose vueltas de un lado a otro tratando de pensar en que pensaría ella, tratando de dormir para no pensar más. Cerró los ojos y la voz en su cabeza que llamaba su nombre la despertó, se sentó asustada queriendo encontrarla a su lado para contarle sus miedos pero ella no estaba…..ella nunca estaba. Sabía que todo seguiría igual la mañana siguiente, que todo se confundiría con peros y por ques como siempre sucedía. Perdida en el laberinto de gritos en silencio, de miradas que no se podían ver y de manos que no podía tocar, cerró fuertemente las suyas y de su boca salieron gemidos de puro odio por que sabía que no podría parar nunca esa guerra sin sentido y que por más que corriera lejos nunca la encontraría. El viento de la noche secó por fin sus lágrimas y el absurdo de todo desapareció, esa noche como si su cuerpo no pudiera más con tanto dolor quedó tieso en medio de la oscuridad de la noche. No hubo un mañana después, sólo la eterna noche que sin querer juntaría sus cuerpos para siempre.

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