Traté, al pararme delante de la orilla del mar, dejar mi cuerpo a su disposición, que el hiciera conmigo lo que quisiera que me llevara con sus eternas olas hasta lo más hondo y que mientras muriera pudieras sentir como el rozar de mis labios te envolvía por completo aunque estuviera desapareciendo a miles de kilómetros de ti.
Intenté gritarle al cielo tu nombre, gritarle lo más fuerte que pude y rogarle que me llevara a tu lado, que me envolviera en un tornado y poder verte desde sus nubes, aunque no pudiera acercarme.
Quise escalar las más altas de las montañas para poder verte de lejos, para poder seguir todos tus pasos y ver cada uno de tus movimientos, quise que la tierra que se levantaba se mezclara con mis pensamientos para que los llevara hasta ti.
Por fin me di cuenta que nada de eso me llevaria hacia ti y resignada a mi suerte dormí entre mis frias sábanas, entre mis propios brazos, hasta que te encontré en mis sueños, y mientras me mirabas a los ojos te pude decir mil veces te amo, besando eternamente tus labios nunca te cansaste de mi hasta que desperté. Mis ansias por verte en mis sueños se aceleraron y sólo pude intentar lo imposible, en una noche de estrellas pedí con todas mis fuerzas vivir siempre dormida, para poder soñarte y decirte todo lo que te amo, para poder pasar mi vida entre tus brazos y sentir el sabor de tus labios. Ese día esperé con todas mis ansias a que fuera de noche, cuando oscureció mi corazón latió a mil y de pronto caí dormida en el más profundo de los sueños, te encontré entre ellos, te tomé de la mano y prometí nunca más irme, después de darme un beso en la frente dejaste que te llevara conmigo y así dormí una eternidad, viviendo una vida contigo, soñando con nadie más.
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