sábado, 16 de agosto de 2008

Resuelto a contar por fin sus problemas, como el común de la gente suele hacerlo, se levantó de su sofá negro, se vistió de negro como siempre y salió en busca de.......en realidad él no sabía en busca de que, pero iba con ganas de gritar sus verdades y por fin dejar atrás su eterno silencio.......
Así anduvo horas de horas bajo la brillante noche, la noche fría y un poco sola, aunque esta vez optó por ir por calles transitadas, no encontró otra alma que la suya propia.
Chocó con colillas de cigarro, con perros callejeros que lo miraron con cara de entusiasmo, con gatos que se escondían detrás de los árboles y con basura, con mucha basura que rodaba por todos lados.
Cansado de caminar y aún con ganas de hablar, de decirle a alguien lo que sentía, de abrazar a alguien; se sentó en la primera banca vacía que encontró y vio como dos estrellas brillaban, como la luna cambiaba su rostro y sintió como el frío viento chocaba contra sus negros y cortos cabellos.
Encontrando a más nadie empezó a hablar, habló con la luna y ella le dijo lo hermoso que era, habló con las estrellas y ellas le dijeron que amaban el color de sus ojos, habló con el viento y él le dijo que adoraba su perfume.
Siguió hablando el hombre vestido de negro, siguió hablando con la nada, con todo lo que su imaginación pudo responderle, habló con su soledad y mientras lo hacia su cuerpo se desvanecía, su carne se volvía en arena, fina arena que dio a parar en el mar. Desde ese día son las olas su voz, el viento lleva su perfume, la luna tiene su rostro y las estrellas llevan el color de sus ojos. El hombre de negro, ese que te responde cuando hablas con tu soledad.

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