domingo, 18 de mayo de 2008

Sin pensarlo dos veces salí a la calle con el cigarro en la mano, con el frío en la espalda y caminé sin razón, caminé esperando encontrarte en algún rincón de estas frías calles, caminé hasta que me topé con el mar y muriendo de frío me senté a sus orillas. Dejé que el viento corriera y jugara con mis negros cabellos, dejé que el agua de las olas salpicara mi rostro y que el cigarro de mi mano se fuera apagando lentamente, no pude sosportar más mi llanto y con un fuerte grito dije tu nombre, grité tantas veces tu nombre como las veces que te dije que te amaba, lloré hasta que mis ojos se cerraron de dolor, hasta que con un suspiro eterno derramé la última lágrima y así regresé a lo de siempre a la resignación de la distancia, al temor al olvido, al miedo a perderte.

1 comentario:

mar dijo...

sto me rekordó a algo ke scribí io hace unos años